¿Qué es más triste la muerte de una patata o la muerte de una cebolla? No lo sé, a mi personalmente me resulta irrisorio comparar ambas muertes; sería tan estúpido como pretender comparar la muerte de un escritor y un futbolista, ¿realmente es necesario saber si la cebolla era mejor que la patata o todo lo contrario?
Si fuera periodista (oh dios, gracias por alejarme de ese camino) me preguntaría como reseñar la vida de la patata y la de la cebolla en una noticia. Supongo que en ambos casos la duración de la noticia radicaría en la cantidad de información que quiero contar; seamos sinceros, la patata apenas tuvo tiempo de dejarnos nada, en cambio la cebolla nos ha dejado una obra bastante extensa y reconocida. Por otra parte, no se me ocurriría nunca ir preguntando a todas las patatas que existen, una por una, que opinan de la muerte de su compañera.
He oído que la cebolla era cruel y malvada, eso sí, escribía jodidamente bien*; entonces, qué coño importa que fuese cruel… por mí como si le gustaba pellizcarse los pezones para encontrar la inspiración.
Señor periodista, por favor, no vuelva a dar la noticia de una muerte de nadie… me resulta vomitivo como trata a la patata, si realmente la respeta, déjela en paz. No conocía a la patata, ni me interesé por su vida, pero el día que usted muera defecaré en su ataúd para dejar las cosas en equilibrio.
Nota: El procesador de textos me recomienda que cambie “jodidamente” por “podidamente”
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